Muchas organizaciones no votan solo desde casa. Hay asambleas donde una parte del censo participa presencialmente, mesas repartidas por varias sedes y gente que llega justo antes de que cierre. Reproducir eso en digital obliga a resolver un problema que las votaciones puramente telemáticas no tienen: cuándo se cierra realmente una urna.
La hora de cierre no cierra la urna
En una votación telemática la hora prevista lo cierra todo: pasa la hora, no entran más votos, el sistema calcula la huella final y la sella. Limpio y automático.
Con una urna presencial eso no vale, y por una razón muy práctica: cuando llega la hora, todavía queda gente en la cola. Los que ya están dentro votan, y la mesa tarda un rato en pasar al sistema las papeletas que tiene delante. Si el sistema cerrase a la hora clavada, esos votos se perderían.
Por eso, en una votación con interventores de urna, el final de la entrada de votos no lo marca el reloj sino el cierre que declara la mesa. Mientras la urna siga abierta, los interventores pueden registrar papeletas aunque la hora prevista ya haya pasado, y la votación no se sella. En cuanto se cierra, no entra nada más.
Varias mesas trabajando a la vez
Una organización repartida por varias ciudades puede tener mesas simultáneas — Madrid, Barcelona, Valencia. Cada mesa es sencillamente una sesión del portal de interventores con su propio quórum de personas autenticadas: no hace falta configurarlas por separado ni declararlas de antemano.
Y "quórum" aquí es muy literal. Al configurar la votación se indica cuántos interventores hacen falta para constituir mesa; si son tres, tienen que autenticarse tres personas distintas, una detrás de otra, en el mismo ordenador, antes de que el sistema deje registrar una sola papeleta. Cada papeleta que entra después queda firmada con los nombres de los tres, no con el de quien pulsó el botón. Es el equivalente digital de tener la urna a la vista de toda la mesa.
Lo que sí es único es el cierre. La urna es la de la votación, no la de una mesa. Cuando se cierra, se cierra para todas.
Quién puede cerrar: la mesa central
Cerrar la urna es un acto grave e irreversible desde el portal, así que no lo puede hacer cualquiera. Lo ejecuta la mesa central: un grupo de interventores designados expresamente para ello al darlos de alta.
Para poder cerrar, la sesión tiene que cumplir dos condiciones a la vez:
- Reunir el quórum habitual de interventores.
- Que todos los interventores autenticados en esa sesión sean de la mesa central.
No basta con que haya uno presente: la mesa central se constituye igual que cualquier otra mesa, pero con su propia gente. Si no se ha designado a nadie, la figura simplemente no se aplica y puede cerrar cualquier mesa que tenga el quórum completo.
Una mesa que no puede cerrar no se encuentra con un botón desactivado y sin explicación: ve un aviso que le dice por qué. Puede seguir registrando votos con normalidad hasta que la central cierre.
En la mesa: identificar y votar son dos pasos
Igual que en una elección presencial de toda la vida, el proceso tiene dos momentos, y pueden ocurrir con minutos de diferencia:
- Identificar. Se comprueba a la persona contra el censo y queda registrada como votante presencial.
- Registrar la papeleta. El voto entra en la urna.
Entre uno y otro, la persona consta como votante pero todavía no tiene voto. Es un estado normal, no un error: alguien puede identificarse, coger su papeleta y marcharse sin llegar a depositarla. El acta lo cuenta aparte y el diagnóstico de integridad no lo trata como un descuadre.
También se puede registrar la papeleta directamente, sin identificar antes; el sistema crea las dos cosas de golpe.
Se puede quitar la marca a alguien identificado mientras no haya depositado su papeleta. Una vez tiene voto en la urna, no — porque si no, su participación desaparecería, la papeleta quedaría huérfana y esa persona podría volver a votar.
El acta de urna: tres cifras y tres veredictos
Al cerrar, el sistema levanta acta con tres cifras separadas:
- Personas atendidas en la mesa: todo el que ha sido identificado.
- Papeletas en la urna: los votos realmente registrados por este canal.
- Identificados sin papeleta: los atendidos que no llegaron a votar.
Y un veredicto, que distingue lo que es una incidencia de lo que es un problema real:
- Cuadra: las papeletas coinciden con la gente que consta como votante y no queda nadie sin votar.
- Con incidencias: queda gente identificada que no depositó su papeleta. Hay que documentarlo en el acta, pero no es indicio de manipulación.
- Descuadre: el número de papeletas no coincide con el de personas que constan con su voto entregado. Esto sí es grave: significa que una papeleta ha entrado o desaparecido fuera del proceso normal.
La distinción no es cosmética. Un sistema que pinta en rojo cualquier desajuste enseña a la mesa a ignorar los avisos. Aquí solo se alarma cuando hay motivo.
Cerrar la urna, paso a paso
- Entrar al portal con el quórum de la mesa central completo.
- Pulsar Cerrar urna y levantar acta.
- Revisar las tres cifras del acta y la actividad reciente de las otras mesas.
- Si quedan identificados sin papeleta, el sistema muestra la lista y pide confirmación explícita. Se puede cerrar igualmente, pero las notas del acta pasan a ser obligatorias.
- Confirmar. Todo el cierre queda registrado en la auditoría: las cifras, las notas y quiénes lo firmaron.
Cuando algo se tuerce
Los casos previstos, y qué pasa en cada uno:
- La mesa central no llega a constituirse: un administrador puede cerrar la urna desde el panel, con el motivo documentado y registrado en la auditoría.
- Nadie cierra la urna: pasado un plazo máximo configurable — 12 horas por defecto desde la hora prevista de fin — el sistema sella igualmente y avisa por correo. Es deliberado: una votación sin sellar se queda sin evidencia fechada, y eso es peor que un acta cerrada sin la firma de la mesa.
- La urna se cerró por error: un administrador puede reabrirla, siempre que la votación no esté ya sellada. Desde el portal no se puede — si la mesa pudiera deshacer su propio cierre, el cierre no sería una garantía sino una preferencia.
- Se intenta lanzar el recuento con la urna abierta: el panel lo rechaza y explica por qué. Se puede forzar, pero exige documentar el motivo y queda registrado — y las papeletas que entren después no quedarán cubiertas por el sello.
Ninguno de estos casos es hipotético: son las situaciones que aparecen en cuanto una votación sale del laboratorio y se celebra con gente real, en varias sedes y con horarios que no se cumplen. Un sistema de urna que solo funciona cuando todo va bien no sirve para una asamblea.